Ezekiel37
Septiembre 12
«Quien es esta que sube del desierto, recostada sobre su amado?» (Cantares 8:5.)
Cierta persona recibió una gran lección al asistir a un sermón de oración. Un hermano pidió al Señor por varias bendiciones, como tú y yo hacemos, y dió gracias por las muchas que había recibido, como tú y yo también hacemos, pero terminó con esta petición tan poco corriente: «Y oh, Señor, ayúdanos, sí ayúdanos Señor, en todos aquellos sitios en que nos recostamos.»
¿Tiénes algunos lados en que recostarte? La oración de este hombre humilde, nos lo presenta de una forma nueva y nos muestra al Gran Ayudador también bajo una nueva luz.
Él siempre camina al lado del Cristiano, dispuesto a extenderle Su brazo poderoso, para afirmar al débil, y dejarle que se recueste sobre Él.
Dulce comunión la que gozo ya en los brazos de mi Salvador;
¡Qué gran bendición en su paz me dá!
¡Oh! yo siento en mí su tierno amor.
No hay que temer ni que desconfiar,
En los brazos de mi Salvador;
Por Su gran poder Él me guardará, de los lazos del engañador.
Libre, salvo, de cuidados y temor.
Libre de penas, salvo de dudas.
En los brazos de mi Salvador