Ezekiel37
Septiembre 21
«Reputo todas las cosas perdidas por el eminente conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor.» (Filipenses 3:8.)
Esta es la canción feliz de la madurez de los sembrados, de la canción alegre de los sembradores, del grano seguro y almacenado.
Pero permíteme que escuche al sermón del campo. Ésta es su palabra solemne para mí: Tú tienes que morIr con el fín de poder vivir.
Tienes que rehusar el consultar a tu propia comodidad y prosperidad. Tienes que ser crucificado no solamente en tus deseos y costumbres pecaminosas, sino también en muchas otras cosas que pueden parecer inocentes y rectas.
Si tú quieres salvar a otros, tú no puedes salvarte a tí mismo. Si quieres llevar mucho fruto, tienes que ser enterrado en la obscuridad y soledad.
Mi corazón se desfallece al escuchar. Pero cuando Jesús lo pide, permite que me diga a sí mismo, que es un privilegio muy grande para mí, el participar de Sus sufrimientos y de esta manera vengo en comunión con Él y me hallo en la mejor compañia. Y permite que me diga nuevamente que todo está arreglado para que llegue a convertirme en un vaso digno de Su uso- Su propio Calvario ha producido una gran fertilidad, y así ha de acontecer al mío.
Mucho procede del sufrimiento, la vida de la muerte. ¿No es ésta la ley del Reino? -In the Hour of Silence.
¿Llamamos moribundo al capullo, cuando se abre para convertirse en flor? -Seleccionado.