Ezekiel37
Noviembre 1
«Cuando la nube se detenía, entonces los hijos de Israel no partían.» (Números 9: 19)
Esta era la prueba suprema de obediencia. El derribar tiendas era comparativamente fácil, cuando las plegaduras aborregadas de la nube paulatinamente se juntaban al lado del Tabernáculo y fluctuaban majestuosamente delante del ejército. El cambio siempre es delicioso y había excitación e interés en el camino, en el paisaje y la localidad del primer sitio de parada.
Pero hay de las detenciones! Por muy malo y sofocante que fuese el calor del lugar, por muy penoso que fuese para la carne y la sangre, por muy molesto que resultase para los impacientes de ánimo, por muy grande que fuese el peligro a que estaba expuesto, no habia opción alguna sino el permanecer acampados.
Dice el Salmista: «Resignadamente esperé a Jehová, e inclinose a mí y oyó mi clamor.» No debemos dudar por un sólo momento que lo que El hizo por los santos del Antiguo Testamento, lo hará también por los creyentes a través de todas las edades.
Dios aún nos hace que esperemos. A veces, frente a frente de enemigos que nos amenazan, en medio de alarmas, rodeados de peligros, debajo de la roca que amenaza destruirnos. ¿No podemos marcharnos? ¿No es tiempo de que derribemos nuestras tiendas? ¿No hemos sufrido ya hasta lo máximo? ¿No podemos cambiar el deslumbramiento y el calor por pastos verdes y aguas apacibles?
No hay respuesta para esto. La nube se detiene y debemos de pararnos, aunque seguros del maná, del agua de la roca, de cobijo y de defensa. Dios nunca nos deja en un lugar sin asegurarnos de Su presencia y enviarnos diariamente lo que necesitamos.
Joven, detente, no tengas prisa para hacer un cambio;
Ministro, permanece en tu puesto. Tú debes detenerte hasta que la nube se mueva con toda claridad.
Espera entonces. el perfecto plan de tu Señor. El llegará con tiempo más que ·sobrado. -Comentario Diario Devocional.