Manantiales en el Desierto por Mrs Cowman

Noviembre 3

«Yo os he entregado todo lugar que pisare la planta de vuestro pie . .. Solamente te esfuerces y seas muy valiente … No temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios será contigo.» (Josué 1:3, 7, 9.)

Los juguetes y las chucherias se obtienen facilmente , pero por las cosas que valen, hay que pagar un precio muy elevado.

La cumbre más elevada del poder siempre se compra con sangre. Tú puedes llegar a la cumbre, si tienes la sangre suficiente para pagar. Esa es la condición para conquistar las alturas sagradas • en todas partes.

La historia de los verdaderos heroísmos es la historia de la sangre sacrificada. Lo más valioso de la vida y el carácter, no es algo que debemos al soplo de los vientos errantes. Las almas grandes, pasan por medio de grandes aflicciones. Las grandes verdades cuestan mucho; las verdades comunes, tales como las que el hombre dá y recibe de un día a otro, se encuentran muy fácilmente en el camino de nuestra vida, transportadas por algún viento negligente.

Las grandes verdades, cuestan mucho. No se obtienen por la casualidad, ni por medio de nuestros sueños dorados, sino que se obtienen en la gran batalla que el alma sostiene, luchando furiosamente contra los vientos y corrientes enemIgas.

Dios por medio de Su mano poderosa, en medio de nuestros conflictos, aflicciones y temores, labra el subsuelo del corazón estancado y hace que brote la semillla de la verdad aprisionada que allí se encuentra. La verdad brota como la cosecha de un campo bien cultivado del espíritu afligido, de las horas difíciles en que estamos debilitados, de la soledad y quizás del dolor.

Entonces el alma comprende que su llanto no ha sido en vano. La capacidad para conocer a Dios, se aumenta cuando El nos coloca en circunstancias que nos obligan a ejercitar la fé. Así que, cuando nuestro camino esté sitiado con dificultades, demos gracias a Dios por la molestia que se toma en esto por nosotros y recostémonos en El con firmeza. «Cualquiera que procurare salvar su vida, la perderá, y cualquiera que la perdiere la salvará.» (Lucas 17:33.)