Ezekiel37
Diciembre 3
«¿Tienes paz? ¿Y tu marido, y tu hijo? Y ella dijo: Paz.» (2 Reyes 4:26.)
Durante sesenta y dos años y cinco meses he tenido una esposa muy amada, y ahora me he quedado sólo a los noventa y dos años.
Pero al andar de un lado para otro en mi habitación, me vuelvo a Jesús, cuya presencia siempre me acompaña y le digo, «Señor Jesús, estoy sólo, pero no me siento sólo, Tú estás conmigo. Tú eres mi Amigo. Ahora, Señor, consuélame, fortaléceme, concede a Tu pobre siervo, todo aquello que Tú veas que necesita.» Y nosotros no debiéramos de estar satisfechos, hasta llegar a tener la certeza de que conocemos que el Señor Jesucristo por nuestra experiencia es nuestro Amigo diariamente.-George Muller
Las aflicciones no pueden dañar cuando están fundidas con la sumisión. El hielo rompe muchas ramas, y de la misma manera veo a muchas personas encorvadas y amilanadas a causa de sus afliccíones, pero de vez en cuando encuentro a alguna de ellas que canta en medio de su aflicción, y entonces doy gracias a Dios tanto por ella, como por mí.
No hay canción semejante a la que se hace cuando el alma está dolorida. Recuerda la historia de una cierta mujer, quien al morir su único hijo, elevó su mirada con gran gozo, como si tuviese el rostro de un ángel y dijo: «Adios amado, te entrego a la tierra de pleno gozo.» Esta frase durante muchos años de mi vida me ha avivado y fortalecido grandemente.
-Henry Ward Beecher.