Ezekiel37
Marzo 19
«Carísimos, no os maravilléis cuando sois examinados por fuego ..• antes bien, gozáos en que sois participantes de las aflicciones de Cristo.» (1 Pedro 4: 12, 13.)
Para enriquecer el arpa de David se necesitaron muchas horas de espera, y muchas horas de espera en el desierto nos proveerán con un salmo de «acción de gracias y la voz de la melodía,» para alentar en este mundo los corazones de los que desfallecen y para alegrar en el cielo la casa de nuestro Padre.
¿Cuál fué la preparación del hijo de Isaí para aquellas canciones como jamás se han oído otras semejantes en este mundo?
El ultraje del malvado que hizo que David elevase clamores pidiendo la ayuda de Dios. Entonces, la esperanza debilitada floreció con el amor de Dios en una canción de gozo por Sus poderosos rescates y abundante misericordia.
Cada aflicción era una cuerda más para su arpa, cada rescate, un nuevo tema para alabanza.
Qué tremenda hubiese sido nuestra pérdida en aquella Salmodia estremecedora en que los hijos de Dios hoy hallan la expresión de sus penas y alabanzas, si se hubiese evitado un estremeciemiento de dolor, o se hubiese dejado de señalar una sola bendición, o se hubiese evadido una dificultad o un peligro!
El esperar en Dios y aceptar Su voluntad es conocerle y obedecerle.
Esto requiere que entremos en «la participación de Sus padecimientos en conformidad a Su muerte.» Si tenemos que aumentar nuestros sufrimientos para llegar a una comprensión espiritual, no por eso debemos de asustarnos.
La capacidad Divina que se compadece del dolor tendrá una esfera de acción mayor. El soplo del Espíritu Santo en la nueva creación jamás hizo un estoico, sino por el contrario, el corazón en que se introdujo se hizo más afectuoso, más sensible y verdadero. -Anna Simpson.
«El me probo antes que El me confió.» (1 Tim. 1:12, Traducción de Way.)