Ezekiel37
Marzo 29
«Reparad los lirios del campo como crecen.» (Mateo 6:28.)
Un monje de los tiempos pasados dijo: «Necesito aceite así que plantó un renuevo. Oró y en su oración pidió: «Señor, para que tus tiernas raices puedan nutrirse y desarrollarse, necesitan lluvia. Envia lloviznas apacibles.» Y el Señor envió lluvia.
«Señor,» oró el monje, «mi olivo necesita sol. Te ruego que lo envíes.» Y el sol resplandeció y doró las nubes goteantes. «Ahora Señor, envía una helada para que afirmen sus tejidos,» suplicó el monje. La helada vino y el arbolito estuvo resplandeciendo con el color de la nieve, pero por la noche, ésto le costó la vida.
El monje buscó en una celda a uno de los hermanos de la comunidad y le contó la experiencia tan rara que había tenido.
Entonces su amigo le dijo, «Yo también planté un arbolito, el cual se desarrolló admirablemente. Pero yo confíe mi árbol a Dios. Aquél que lo hizo, sabe mucho mejor que yo, lo que él necesitaba. No establecí condición alguna, ni fijé maneras ni formas cómo criarlo, lo que hice fué plantarlo y decir, ‘Señor, envía lo que necesite, tormenta o sol, viento, lluvia o helada, Tú lo has hecho, y Tú sabes lo que necesita.»
«Todo a Cristo yo me rindo, Con el fin de serle fiel;
Para siempre quiero amarle, y agradarle sólo a El.
Todo a Cristo yo me rindo, Sí, de todo corazón;
Yo le entrego alma y cuerpo, busco hoy su santa unción.
Todo a Cristo he rendido, siento el fuego de su amor,’
¡Oh, qué gozo hay en mi alma! ¡Gloria, gloria, a mi Señor!