Ezekiel37
Agosto 5
«Mi gracia ES suficiente para tí.» (2 Corintios 12:9, Versión Inglesa.)
Fue la voluntad de Dios el llevarse a mi niño más pequeño bajo circunstancias de pruebas y aflicciones peculiares. Al dejar el cuerpo de mi pequeñito en el cementerio, y estando de camino para casa, sentí el deber de predicar a mi congregación sobre el significado de la prueba. Al encontrar que este texto estaba en la lección para el Sábado siguiente, lo escogí como el de mi Maestro para ellos y para mí; pero al tratar de preparar las notas, hallé que honestamente no podía decir que aquellas palabras fuesen verdad; por consiguiente, me arrodillé y pedí a Dios que permitiese que Su gracia fuese lo suficiente para mí.
Durante mi súplica, abrí los ojos y vi un marco con un texto iluminado que mi madre me había dado hacía solamente unos días; y el cual pedí a mi criada que lo colgase en la pared. durante mi ausencia al ir a pasar mis vacaciones de donde Dios se llevó a nuestro pequeñito. Al volver a casa no noté el significado de las palabras del texto; pero al limpiarme los ojos y mirar, me encontré de frente con estas palabras, «Mi gracia ES suficiente para tí.» El «es,» estaba citado en un verde brillante, mientras que el «Mi» y «para tí» estaban pintados en otro color.
En un momento vino directamente aquel mensaje a mi alma como una reprensión, por ofrecer una oración como, «Señor, haz que Tu gracia sea suficiente para mí.» La respuesta podia oírse casi como el sonido de una voz diciendo: «¿Por qué te atreves a pedir que sea, lo que ya es?» Dios no puede hacer que su gracia sea más suficiente de lo que ya la ha hecho. Levántate y créelo y encontrarás que es verdad, porque el Señor lo dice en la forma más simple: «Mi gracia es (no que será o puede ser) suficiente para tí.»
Las palabras «mí,» «es,» y «para tí» fueron grabadas indeleblemente desde aquel momento en mi corazón, y gracias a Dios, desde aquel día hasta hoy, he tratado de vivir en la realidad de aquel mensaje.
La lección que yo recibí y quiero transmitir a otros, es, que nunca conviertas los hechos de Dios en esperanzas o oraciones, sino úsalos simplemente como realidades, y los hallarás tan poderosos como los crees.-H. W. Webb People.