Ezekiel37
Agosto 13
«Si las nubes fueren llenas de agua, sobre la tierra la derramarán.» (Ecleslastés 11 :3.)
No debemos temer a las nubes que ahora obscurecen nuestro cielo. Es cierto que durante un poco de tiempo ocultan el sol, pero el sol no se extingue, a los pocos momentos vuelve a aparecer. Mientras tanto, aquellas nubes negras están llenas de lluvia, y cuanto más negras son, es lo más probable que derramen infinidad de chaparrones. ¿Cómo podemos obtener la lluvia sin que haya nubes?
Nuestras turbaciones siempre nos han traído bendiciones y siempre continuarán trayéndonoslas. Son los vehículos portadores de la gracia divina. Estas nubes no tardarán mucho en descender y toda hierba delicada se alegrará inmensamente por la lluvia.
Nuestro Dios podrá empaparnos con aflicción, pero nos renovará con misericordia. Frecuentemente, las cartas amorosas de nuestro Señor llegan a nosotros en sobres de luto.
Sus vagones pueden crujir, pero están cargados con beneficios. Su vara produce flores preciosas y frutos nutritivos. No nos atormentemos por las nubes, sino al contrario, cantemos porque las flores de Mayo las recibimos por medio de las nubes y las lluvias de Abril!
Oh, Señor, las nubes son el polvo de tus pies! Cuán cerca estás de nosotros en los días de tribulación y necesidad! El amor te contempla, y se regocija. La fe ve a las nubes descender y alegrar a las colinas por todas partes.-C. H. Spurgeon.
El espacio azul de los cielos es mayor que las nubes.