Marzo 31

«El viento era contrario.» (Mateo 14:24.)

Con mucha frecuencia los vientos de Marzo son muy desagradables y tempestuosos. ¿No representan de cierta forma las tormentas que he sufrido en mi vida? No obstante, debo de alegrarme por haber conocido ciertos contratiempos. Es mucho mejor que descienda la lluvia y venga el diluvio que el permanecer perpetuamente en la Tierra de Loto, donde parece que solamente existe la tarde; o que el estar en el Valle de Avilión, donde jamás sopla el viento fuerte.

Las tempestades de la tentación aparecen muy crueles, pero, ¿no aumentan intensamente el deseo de orar? ¿No me obligan a que me agarre más fuertemente a las promesas? ¿No me dejan después con un carácter refinado?

Las tormentas ocasionadas por la pérdida son muy agudas, pero son también un medio que el Padre utiliza para conducirme a El, con el fin de poder hablar a mi corazón en el secreto de Su presencia, de una forma apacible y cariñosa.

El Maestro posée una clase de gloria, la cual solamente puede verse cuando el viento es contrario y el barco se balancea con las olas.

«Jesucristo no es una seguridad contra las tormentas, sino que El es una perfecta seguridad en las tormentas. El nunca te ha prometido un pasaje fácil, sino un desembarque seguro.»

Maestro, se encrespan las aguas! ¡Y ruge la tempestad!
Los grandes abismos del cielo se llenan de obscuridad;

¿No ves que aquí perecemos? ¿Puedes dormir así;
Cuando el mar agitado nos abre Profundo sepulcro aquí?

Maestro, mi ser angustiado te busca con ansiedad;
De mi alma en los antros profundos ,se libra cruel tempestad;


Pasa el pecado a torrentes sobre mi frágil ser
¡Y perezco, perezco, Maestro! ¡Oh, quiéreme socorrer!

Los vientos, las ondas oirán Tu voz, «¡Sea la paz.»’