Ezekiel37
Mayo 7 ‘
Y propúsoles también una parábola sobre que es necesario orar siempre, y no desmayar.» (Lucas 18:1.)
La tentación más, común en la vida de intercesión es la falta de perseverancia. Empezamos a orar por cualquier cosa; hacemos nuestras peticiones un día, una semana, un mes; y si no recibimos una respuesta definitiva, inmediatamente desmayamos y cesamos de orar por aquello. Esto es una falta mortal.
Ello es simplemente la trampa de muchas cosas que empezamos y no terminamos. En todas las esferas de la vida, esto es desastroso.
El hombre que adquiere el hábito de empezar las cosas y dejarlas sin terminar, forma el hábito del fracaso.
El hombre que empieza a orar por una cosa y no persiste hasta obtener la respuesta que desea, ha formado el mismo hábito en la oración.
Desmayar, es fracasar. Entonces la derrota engendra desaliento e incredulidad en la realidad de la oración, lo cual es fatal para obtener cualquier éxito.
Algunos dicen, «¿Durante cuánto tiempo tenemos que orar? «¿No venimos a un lugar donde podemos cesar de orar y dejar el asunto en las manos de Dios?»
Sólo hay una respuesta. Ora hasta que la cosa que pides se te ha concedido o hasta tener la seguridad en tu corazón de que se te concederá.
Cuando tenemos esta convicción es cuando podemos cesar de orar; porque la oración no consiste solamente en hablar con Dios, sino que es también una lucha con Satanás. y puesto que Dios usa nuestra intercesión como un factor poderoso en la victoria de esa lucha, El sólo, y no nosotros, debe de decidir cuando podemos cesar de hacer nuestras peticiones.
Asi que no debemos osar el dejar nuestra oración, hasta que recibamos la respuesta o tengamos la certeza de que vamos a recibirla.
En el primer caso, cesamos de orar porque podemos ver que es una realidad.
En el segundo caso, no continuamos orando porque creémos, y la fé de nuestro corazón nos dá la misma seguridad de que lo que esperamos es tan cierto como si lo estuviésemos viendo. A medida que progresamos en la vida de oración, llegamos a experimentar y reconocer más y más la seguridad que Dios nos dá y a conocer cuando debemos reposar tranquilamente en la misma, o continuar haciendo nuestra petición hasta recibirla. -La Práctica de Orar.