Manantiales en el Desierto por Mrs Cowman

Junio 16

«Porque El es mi esperanza.» (Salmo 62:5.)

El poco cuidado que prestamos en esperar las respuestas que pedimos, muestra el poco fervor de nuestras peticiones.

El labrador no se contenta sin la cosecha; el tirador observa si la bala da en el blanco; el médico espera el resultado de la medicina que manda; y el Cristiano, ¿debe de permanecer sin prestar atención al efecto de las peticiones que hace a su Padre Celestial?

Cada oración que el Cristiano hace con fe y, en confomidad con la voluntad de Dios, por la cual El ha prometido-si se ofrece en el nombre de Jesucristo y bajo la influencia de Su Espíritu- bendiciones temporales o espirituales, o ha sido contestada, o será contestada plenamente.

Dios siempre contesta al designio y la intención general de las oraciones de los suyos, cuando lo que pedimos lo deseamos para Su propia gloria y para nuestro bienestar eterno y espiritual.

Asi como no podemos encontrar que Jesucristo rechazase ni a uno solo de los que le suplicaron misericordia, tampoco creemos que ninguna de las oraciones que se hagan en Su nombre han de ser en vano.

La respuesta a la oración puede estar aproximándose, aunque no percibamos su venida. La simiente que yace bajo el suelo en el invierno, está formando su raíz con el fin de crecer y dar su cosecha, aunque no aparezca sobre el terreno y de la impresión de estar muerta y perdida.-Bickersteth.

Las respuestas retardadas a la oración, no son solamente pruebas de la fe, sino que nos dan oportunidades de honrar a Dios por nuestra firme confianza en El, bajo rechazamientos aparentes.-C. H. Spurgeon.