Manantiales en el Desierto por Mrs Cowman

Septiembre 16
 
«Escóndete en el arroyo de Cherith.» (1 Reyes 17:3)
 
Los siervos de Dios deben de aprender el valor de la vida oculta. El hombre que ha de ocupar un lugar prominente entre sus compañeros, debe de ocupar un lugar humilde delante de su Dios.
 
No debemos sorprendernos, si algunas veces dice nuestro Padre: «Hijo, en ese lugar ya has tenido bastante precipitación publicidad y excitamiento; ahora quítate de allí, y escóndete en el arroyo; ocúltate tú mismo en el Cherith del mal aposento o en el Cherith de la pérdida o en algún lugar solitario de donde la multitud se ha retirado.»
 
Dichoso es aquel que puede decir,  «Tu voluntad es también la mia; acudo a Tí para esconderme. Escóndeme en lo secreto de Tu Tabernáculo, y bajo el refugio de Tus alas!»
 
Cualquier alma santa que quiera ejercer un gran poder con los hombres, tiene que ganarlo escondido en un Cherith.
 
La adquisición del poder espiritual es imposible a no ser que podamos escondernos de los hombres y de nosotros mismos en un profundo abismo donde podamos absorber el poder del Dios eterno; lo mismo que la vegetación a través de los siglos absorbió las cualidades de la luz del sol, y ahora los devuelve por medio de carbón ardiente.
 
El Obispo Andrews, tenía su Cherith, en el cual pasaba cinco horas diarias en oración y en la devoción.
 
John Welsh también lo tuvo. El creía que el día que transcurría sin haber pasado ocho o diez horas en comunión encerrado en su gabinete, era un día malgastado.
 
David Brainerd tuvo su Cherith en los bosques de Norte América.
 
Christmas Evans, lo tuvo en sus viajes largos y solitarios entre las colinas de Gales.
 
Podemos retroceder a aquella edad bendita de la cual empezamos a fechar los siglos. Patmos, el lugar de apartamiento de las prisiones romanas, el desierto de Arabia, las colinas y valles de Palestina, son memorables para siempre, como Cherits de aquellos que han formado nuestro mundo moderno.
 
Nuestro Señor encontró Su Cherith en Nazaret y en el desierto de Judea; entre las olivas de Betania y la soledad de Gadara. Por lo tanto, ninguno de nosotros puede quitarse de encima su Cherith donde los sonidos de las voces humanas son cambiados por las aguas apacibles procedentes del trono, y donde podemos probar la dulzura y absolver del poder de una vida escondida con Cristo. -Elijah, by Meyer.