Manantiales en el Desierto por Mrs Cowman

Julio 10 

«Llamélo, y no me respondió.» (Cantares 5:6)

Cuando el Señor ha concedido una fe grande, se sabe  que la ha probado con grandes dilaciones.

El ha permitido que las voces de Sus siervos resuenen en sus oídos como si procediesen de un cielo de bronce. Han llamado en la puerta de oro, y ella ha permanecido inmovible como si sus goznes estuviesen enmohecidos. Lo mismo que Jeremías, ellos han exclamado, «Te cubriste con una nube, para que no pasase nuestra oracion.»

Los verdaderos santos han continuado durante mucho tiempo, esperando con paciencia sin replicar, no porque sus oraciones no fuesen vehementes, no porque no fuesen aceptadas, sino porque así complació a El, que es un Soberano y concede las cosas a su propio arbitrio.

Si El se complace en pedir a nuestra paciencia que se ejercite por sí misma, ¿por qué no ha de hacer lo que El desea, con aquello que le pertenece?

No se pierde ninguno oración!

El aliento de la oración jamás se gastó en vano. No existe tal cosa como oración sin contestar o inadvertida por Dios, y algunas de las cosas que consideramos como repulsas o negaciones, no son sino simplemente retrasos o dílaciones.-H. Bonar.

Algunas veces Cristo retarda su ayuda para poder probar nuestra fé y avivar nuestras oraciones. La barca puede estar cubierta con las olas y El dormir en ella; pero El despertará antes de que se hunda.

El duerme, pero El nuca duerme demasiado; y para El no existe el «es demasiado tarde.» -Alexander Maclaren