Manantiales en el Desierto por Mrs Cowman

Julio 17

«Permaneceré quieto, y miraré desde mi morada.» (Isaías 18:4, Versión Inglesa.)

Asiria se dirigía contra Etiopía, cuyos habitantes son descritos como teniendo una gran estatura y un carácter apacible. Al avanzar los ejércitos, Dios no hizo ningún esfuerzo para detenerlos y parecía que se les había permitido el hacer su voluntad. El continuaba observándolos desde Su morada, y todo parecía que les favorecía; pero antes de la recolección, todo el orgulloso ejército Asirio fué cortado y destruido con la misma facilidad que las ramitas son cortadas con las podaderas por el jardinero.

¿No es una concepción maravillosa de Dios, el permanecer quieto y observando? Su quietud no es asentimiento. Su silencio, no quiere decir que El consienta. El solamente espera que llegue Su tiempo, y se levantará en el momento más oportuno, cuando parezca que los designios de los malvados van a triunfar; entonces El se levantará y los derrotará desastrosamente.

Cuando miramos a la maldad que existe en el mundo, cuando pensamos en los éxitos aparentes de los obradores de maldad; cuando sufrimos bajo la opresión de aquellos que nos odian, recordemos aquellas palabras maravillosas acerca de Dios, «que El permanece quieto y observando.»

Esto puede interpretarse también de otra manera. Jesús observó a Sus discípulos cuando trabajaban remando durante la noche tempestuosa; y contempló, aunque de una manera invisible, los dolores sucesivos de Betania; cuando Lázaro pasó paulatinamente los escalones de una enfermedad mortal, hasta que sucumbió y fué llevado a la tumba de piedra. Pero El esperaba solamente el momento cuando pudiese intervenir de una  manera más eficaz.

¿Permanece El quieto para tí? El no deja de observar i El está contemplando todas las cosas; El, tiene colocado Su dedo en tu pulso, y observa todas sus fluctuaciones. El vendrá a salvarte cuando llegue el preciso momento. –

Comentario Diario Devocional.